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LA CONSTRUCCION DEL EDIFICO TEORICO.

Viernes, 04 de agosto de 2006

PRINCIPIOS DIRECTORES DEL ACTO PSICOANALITICO

Aqui van mis observaciones.

He leído ya un par de veces el “paper” con los Principios Directores del Acto Psicoanalítico y lógicamente tengo varias dudas, tal vez no dudas sino más bien observaciones que reconozco se pueden deber a la ignorancia propia de mi aún incipiente conocimiento… pero voy a seguir ignorante si no las planteo ahora, aprovechando esta oportunidad de tener esta especie de red de comunicación psicoanalítica virtual, la que me parece excelente como iniciativa.
Bueno, sin mas preámbulos, al grano.
Primer principio. No es un misterio y todos sabemos que el psicoanálisis es una práctica centrada en la palabra; donde por medio del lenguaje vamos desentramando, en conjunto con el paciente, sus propios síntomas y sufrimientos, sin embargo, en el primer principio entiendo que se plantea el lenguaje como una forma única de aproximación y esto a mi juicio lleva implícita una negación de otras formas de acercamiento a la cura psicoanalítica, como podrían ser los test en el trabajo con niños. De ser así, ¿Tendríamos entonces que volver a las palabras de Freud y no someter a análisis a los niños, por ser incapaces de un manejo adecuado del lenguaje? ¿Están entonces equivocados aquellos analistas que han desarrollado su quehacer en el trabajo con ellos? ¿No significa esto una limitante autoimpuesta que condiciona la propia experiencia clínica, componente fundamental del psicoanálisis?
Segundo principio. Creo que aquí se ubica al psicoanalista en una situación de poder omnipotente que a mi juicio no debería darse en una relación de dos, convocados voluntariamente para conformar la sesión psicoanalítica que lleve a la cura. Lo digo por el uso del término autoriza. “…El psicoanalista autoriza a tomar distancia…..”, “Autoriza también el cuestionamiento…….” ¿No debiera tal vez, consensuarse y no autorizarse?, ¿No estamos ubicándonos en una posición de poder que de alguna manera está condicionando la relación psicoanalítica a la “disposición a autorizar del analista”?
¿No estamos con esto limitando el propio quehacer del analizante? ¿No estamos con esto evitando que el analizante actúe libremente sobre sus propias creencias y expectativas cómo lo dice el tercer principio?
Tercer principio. La parte final del tercer principio nos dice, “El psicoanalista, aclarado por la experiencia analítica sobre la naturaleza de su propio fantasma, lo tiene en cuenta y se abstiene de actuar en nombre de ese fantasma.” ¿Como debo entender el término fantasma? Lo pregunto porque entiendo que toda interpretación es una expresión del inconsciente del analista (Nasio, pagina 29, Cinco lecciones sobre la teoría de Lacan), luego, ¿Cómo lo hace el analista si se limita de actuar en nombre de sus propios fantasmas? ¿Cómo interpreta? ó ¿Simplemente no hay relación en este caso entre fantasma y expresión del inconsciente?
Cuarto principio. Al decir que la sesión analítica no soporta ni un tercero ni su mirada desde el exterior del proceso mismo que está en juego y que el tercero queda reducido a ese lugar del Otro, ¿Estamos descartando la posibilidad de un psicoanálisis de grupo? Entiendo más bien que lo que se nos dice es que en un psicoanalisis grupal todos los analizantes son Uno, es decir, existe el analista y todos los otros son analizantes, por lo tanto solo existen dos: el analista y los analizantes. De ser así ¿De donde surge la figura del tercero, aquel que en el texto aparece como “el tercero evaluador”? y ¿Cómo se entiende si se parte diciendo que la sesión analítica no soporta un tercero?
Quinto principio. Sabemos y compartimos que la experiencia psicoanalítica solo tiene como patrón común precisamente la singularidad subjetiva de cada sesión y la experiencia de cada analista y que no buscamos la aplicación de una norma, debo entender entonces que ¿Con esto estamos ya fuera de todo rigor científico y por lo tanto lejos de la psicología?
Sexto principio. Si la cura llega cuando el analizante está lo suficientemente satisfecho como para dejar al analista, no cabría con esto la posibilidad de entrar en un juego, a mi juicio un tanto peligroso, y que sería que el analizante nunca se encuentre satisfecho, no porque no lo este, sino por otras necesidades (carencias afectivas, relación afectiva tal vez o simplemente las ganas de ser escuchado o bien porque tener un analista de cabecera es “top”). Por otro lado, ¿Donde queda el “alta” del analista? Si hablamos antes de que el analista “autoriza” ¿Por qué no autoriza “el alta” del analizante?

Bueno amigos, hasta aquí con mis observaciones; entiendo que más de alguna podría ser motivo de alguna sonrisa en ustedes, pero como lo dije hace un instante, estoy aprendiendo y en este proceso lógicamente nos equivocamos.
Espero que podamos consolidar este espacio de conversaciones psicoanalíticas virtuales, sin duda que de una u otra forma nos va a ayudar a todos.


G len E. Lizardi Flores.
glizardi@gmail.com



Por: Glen E. Lizardi Flores | Universidad | Comentarios (0) | Referencias (0)

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