RETRATO DEL CONSTRUCTOR
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Jueves, 25 de mayo de 2006
Me cargan los que se creen guardianes morales... ellos son por lo mismo los más inmorales.
Mientras degustaba unos ricos spaguettis, tome un diario antiguo y me puse a pasar las páginas. Centre mi atención en la famosa polémica de la eutanasia y en como se daba la discusión en la cámara donde el tema central se olvido para pasar a debatir sobre si había o no un voto de censura a la mesa. ¿?. Gran guevada que a nadie le interesa, pero que da muestra del real interés de los politiqueros que tenemos en la cámara, al plantear estos temas. Protagonismo, simplemente protagonismo. Pero bueno no era ese el tema.
La eutanasia asi como el aborto o el consumo de droga, son temas éticos y como tales son competencia, según mi criterio, sólo de las personas a las cuales les atañe.
La muerte es inevitable, incluso pienso que comenzamos a morir desde que nacemos, día a día, segundo a segundo.; frente a esto ¿para que insistir en prolongar la vida de una persona sabiendo que el daño de su enfermedad es irreparable y que entonces la muerte es inevitable?
El derecho a morir dignamente comprende tanto el derecho a morir con dignidad como el derecho a decidir racionalmente, en el uso de la libertad personal, y con el respeto de los demás, sobre el final de nuestra propia vida.
La mayoría de las personas desean tener una muerte pacífica y sin sufrimientos, ¿Quién no?, pero este deseo puede verse amenazado por la existencia de técnicas y medios clínicos cada vez más poderosos. Estos medios han logrado un espectacular alargamiento de la vida, impensable hace pocos años, sin embargo, ese alargamiento de la vida va contra la ley de la vida que no es otro que la muerte.
Muchas personas sienten con justa razón que la degeneración física, los sufrimientos físicos y psíquicos los llevan a una situación que indigna, más aún si a eso le sumamos el abandono o la falta del sucio dinero. En tales circunstancias, pueden llegar a ver en la muerte un mal menor: el fin de su agonía y de sus penalidades; para ello necesitan el respeto a su voluntad, expresada de forma libre e inequívoca. El respeto a la voluntad de optar por la muerte.
El verdadero respeto a la dignidad humana implica el respeto a la voluntad humana, incluida la de alcanzar la muerte cuando ya nada se puede hacer por devolver a la vida y eso es la calidad a la que todo ser humano tiene derecho.
La dignidad es un valor socialmente reconocido, pero que se concreta individualmente. Sólo uno mismo puede determinar si su propia existencia tiene o ha dejado de tener dignidad.
Yo me opongo a todo lo que signifique que otros se sientan con el derecho ético y moral de decidir por nosotros, más aún cuando se trata de políticos que se encuentra en la esfera del poder sólo por disponer de una cara bonita, de dinero y que después de cuatro años se van a sus casas de veraneo con los bolsillos llenos. Aquí nadie tiene derecho a pretender ser el guardián de nuestra moralidad, incluyo en esto lógicamente a la iglesia.
Aquí no se trata de hacer obligatoria la eutanasia o el aborto o el consumo de drogas, aquí se trata de que exista la libertad y de que se uno, en plena libertad, informado y en plenas facultades, el que decida sobre si mismo. Lo único que creo es necesario legislar, corresponde a la protección de aquellos que no están de acuerdo, porque están en su justo derecho y mientras exista el Estado, este debe velar por la mantención de ese derecho, al igual que el derecho que tengo de decidir respecto de la eutanasia.
Un ejemplo concreto es la donación de órganos; nadie anda donando sus órganos en las postas o en las carnicerías.
Por: Glen E. Lizardi Flores | Cerebro Crítico | Comentarios (0) | Referencias (0)