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Domingo, 04 de septiembre de 2005

EL ANONIMATO EN INTERNET, PARTE I

El anonimato puede llegar a despertar nuestras mas bajas pasiones, todas ellas lideradas por el "ello".
Quién nos da la posibilidad de darnos ese lujo es internet, por unas pocas monedas mensuales... hay que probarlo.


A propósito de Internet y de los servicios que entrega, tenía pensado escribir algo sobre el Chat, el chateo y mi punto de vista respecto de lo que sucede con quienes chatean.
En el análisis previo, un poco buscando el marco conceptual, sin darme mucha cuenta me encontré pensando en esa trinchera que nos permite no ser vistos ni reconocidos, pero que si no permite actuar, me refiero al anonimato.
El anonimato es una marca entre el comportamiento individual y el comportamiento grupal o social. Se da aún cuando se pueda estar rodeado de gente, incluso en esa realidad se logra apreciar de mejor manera, como en las ciudades.
En el supuesto anonimato de las calles de las cuidades, incluso de los más pequeños pueblos, existe un control social, pautado por los rasgos culturales predominantes.
El individuo en el grupo, debe adaptarse a este, a sus normas, a sus códigos, (para no quedar excluído del mismo). A través de los roles asumidos, el individuo encuentra en la dinámica grupal un freno a la individualidad y al descontrol impulsivo.

El semestre pasado tuvimos un profesor de psicología cognitiva, cuyo nombre no recuerdo (así de relevante fue), pero que me presento a Bandura, y Bandura dice al respecto: “ Las normas sociales ejercen una influencia reguladora sobre la conducta humana. Las normas sociales transmiten estándares de conducta. La adopción de estos estándares personales crean un sistema autorregulador que opera a través de autosanciones internalizadas”.
Contrario a estas normas esta el anonimato que por su parte, libera al individuo junto con dejarlo a merced de si mismo. Sólo debemos rendir cuentas a nuestra propia persona; ya no al grupo social. Todos nuestros impulsos, nuestra pulsiones, quedan libres de la tiranía del mundo exterior y de las normas sociales.
Sólo desde nuestro interior las restricciones culturales y morales podrán operar. Según Freud, será el superyo, con toda la carga de su moralidad, con sus restricciones, con su tiranía, el que podrá controlar las acciones de nuestra libertad.
El otro tirano, que es la realidad externa a nosotros, se encuentra en estado de congelamiento cuando actuamos del anonimato.
A diferencia del grupo, la masa social (sin estructura ni jerarquía), ha permitido un comportamiento que se acerca al del anonimato. Amparado en la dificultad de ser identificado, el ser humano ha desplegado enormes cantidades de energía, generalmente de orden agresivo.
La identificación con un líder (lo plantea Freud y ahora que lo conozco también Martín – Baró), posicionado como ideal del yo, ha permitido a los hombres cometer todo tipo de actos desde los más osados (la primera ascensión al Everest) a los mas terribles (la matanza de Pisagua por ejemplo) hasta los más solidarios (mmm, que difícil dar un ejemplo).
La responsabilidad diluida en la muchedumbre libera al individuo de su conciencia crítica y lo lleva a realizar acciones que difícilmente llevaría a cabo de encontrarse en una situación normal, es decir, siendo visto.
El anonimato se encuentra en un extremo de una línea recto, en cuyo extremo contrario se encuentra el ser perfectamente identificado.

Quien de nosotros no ha dicho o ha pensado alguna vez en su vida algo como esto: “que bueno sería irse lejos, donde nadie me conozca”. Las fantasías de los adolescentes, como decía Karina hace unas semanas, están tenidas por esta ilusión de anonimato que le permita hacer cualquier cosa al jóven.
La lejanía, el ser un “desconocido” alimenta esta fantasía y habilita la acción que no se podría llevar a cabo en el contexto de la cotidianeidad, donde un es fácilmente identificable.
En resumen el anonimato es un refugio, una isla para el descanso de las normas sociales que nos tienen permanentemente tensionados y que debemos aceptar para no quedar al margen de las sociedades. Es un paréntesis en lo cotidiano, un alto en el funcionamiento del día a día.
Sin embargo, a pesar de lo dicho, el anonimato es muy difícil de conseguir… salvo que estemos sentados tras nuestro computador….
Continuara…..

Por: Glen E. Lizardi Flores | Cerebro Crítico | Comentarios (1) | Referencias (0)

Comentarios

Un post muy interesante, sin duda. Muchas veces me he planteado eso de que el ser una persona anónima te permite moverte con cierta libertad, desde ese momento uno puede acudir al uso de diversos roles psicosociales en función del ámbito en el que nos movamos.
Internet permite esto y mucho más!
Sobre el chat, por ejemplo, es increíble los diversos y múltiples roles que puede asumir una persona a veces por simple diversión y a veces en búsqueda de otros objetivos.
Te mando un abrazo y visitáme cuando podás por mi blog.

Marcos | 04-09-2005 02:29:43

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