RETRATO DEL CONSTRUCTOR
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Miércoles, 17 de agosto de 2005
Después de leer un montón de cosas en internet, armé esta especie de resumen para no quedarnos solo con lo que se comento anoche respecto del pensamiento de Foucault en relación al saber – poder.
Filósofo, historiador, ‘arqueólogo’ del conocimiento y activista social, ejerce una fuerte influencia en el pensamiento francés de la segunda mitad del siglo XX, donde aparece asociado a los movimientos post-estructuralistas. Inicialmente formado en fuentes marxistas y fenomenológicas, se distancia de ellas luego.
Foucault abordó también el estudio de las clínicas psiquiátricas centró su atención en el modo poco racional en que los “normales” trataron a los enfermos mentales durante el Siglo de la Razón (desde Descartes hasta la Ilustración). El temor de esta cultura “racional” a lo diferente, a lo opuesto, a lo irracional, se expresó en el tratamiento brindado por ella a los “locos”(recuérdese que en otros tiempos llegó a atribuirse a la locura un origen divino), peor que el dispensado a los animales. Encerrando, clasificando y analizando al "enfermo mental" como a un objeto, la racionalidad moderna se muestra como lo que es, voluntad de dominio. Durante el Renacimiento y a partir del siglo XIX las cosas ocurrieron de modo muy distinto. Ello nos permite entrever que se producen cambios en las estructuras básicas desde las cuales los hombres comprenden y valoran.
Foucault analizó con una profundidad única los mecanismos de poder que operan en la sociedad capitalista y marxista como su influencia en la conformación de la subjetividad de las personas. Ello le permitió superar las interpretaciones clásicas del poder, que lo reducían a un plano represivo y jurídico, y concluir que el capitalismo y el marxismo se perpetúan gracias al ejercicio de poderes (“micropoderes”) que se hallan presentes por todo el cuerpo social.
Para Foucault no hay verdades permanente, no hay historia continua, sino cambios en la concepción del mundo y discontinuidad en la secuencia del acontecer. Analista del poder, en sus últimos trabajos propone una salida del individuo de los ‘aparatos de encierro’ a los que le somete las estructura de dominio a través de lo que llama el ‘bio-poder’.
Según Foucault, el contexto epistemológico del momento, no es una estructura rígida, sino una síntesis del ambiente cultural de un momento dado, donde los diferentes planos enunciativos (política, economía, cultura...) crean sus estrategias de adaptación al plano de la realidad.
En Foucault, el momento y la historia aparecen como un discontinuo, como una superposición de enunciados, como una entrecruzamiento dialéctico, no sujeto a una armonía unificadora o reductora de la complejidad.
El poder es relación de fuerzas y se halla presente en la sociedad desde el primer momento, no es algo añadido con posterioridad. El poder se encuentra en todo fenómeno social, toda relación social es vehículo y expresión del poder; no es patrimonio exclusivo de los aparatos del Estado. Hay una inmensa cantidad de vectores de fuerza, entre los cuales las instituciones estatales son sólo puntos de mayor densidad.
También el conocimiento es un producto social, y se encuentra por tanto condicionado por la posición y los intereses de los sujetos que lo producen. “La «verdad» ha de ser entendida como un sistema ordenado de procedimientos para la producción, regulación, distribución, circulación y operación de juicios. La «verdad» está vinculada en una relación circular con sistemas de poder que la producen y la mantienen.”
El poder se ejerce y se impone no tanto por el ejercicio de la fuerza y del engaño sino por la producción del saber, de la verdad, por la organización de los discursos. “Lo que hace que el poder se sostenga, que sea aceptado, es sencillamente que no pesa sólo como potencia que dice «no», sino que cala de hecho, produce cosas, induce placer, forma saber, produce discursos; hay que considerarlo como una red productiva que pasa a través de todo el cuerpo social en lugar de como una instancia negativa que tiene por función reprimir”. Más que prohibir, el poder gobierna, presenta al individuo las alternativas válidas para la acción, induce, encauza sus conductas en una dirección. Ha esto lo denominó Foucault “poder pastoral”, en cuanto fuerza que fija las estructuras de producción de la subjetividad humana.
El escenario cambiante del saber-poder, la secuencia histórica, está descrita por una cosmovisión, por un estado del pensamiento, por una episteme concreta. El poder, insiste en La voluntad de saber, no es privativo del Estado, sino que impregna el conjunto de la estructura social, a modo de una extensión externa al individuo donde se entretejen, negocian y residencian los intereses y las relaciones complejas.
Además del poder político del Estado, que tiene una dimensión coercitiva, existen micro-poderes que alcanzan toda la actividad social. Una madeja de relaciones, organizada y jerarquizada, que llega al último extremo de la dimensión social. Poder es saber, esto es, capacidad propositiva, de discurso, de negociación, de acción.
Para Foucault, en la sociedad moderna, la burguesía y el capitalismo crearon extensiones de control a través de los ‘aparatos de encierro’, que son instituciones que describen la actividad a través del tiempo social. Desde la escuela a la fábrica, desde la cárcel al manicomio. Los ‘aparatos de encierro’ marcan las fases del tiempo social y, a la vez, definen y controlan al individuo por la posición que adopta en esos espacios de estancia reglada.
En la actualidad existe otro “aparato de encierro”, el de los medios de comunicación, en especial el de la televisión, que absorben y regulan el período de descanso y ocio, como nuevo ‘aparato de encierro’. Desde esta óptica, la televisión aparece como una extensión del sistema productivo y procreador y no tanto como un medio generador de conocimiento, diversión y entretenimiento, o, aun siendo así, subordinado a una función reglada de control.
La televisión, pues, más que mostrar, permite ver, es un elemento más del sistema ‘panóptico’ (no se lo que es “panoptico”) que describe Foucault, por ejemplo, cuando teoríza acerca de la estructura funcional de los recintos carcelarios.
Los medios son asimismo extensiones institucionales del poder, ya que es el binomio poder-saber el que produce discurso, el que tiene capacidad enunciativa. Los medios aparecen como una institución libre, como un instrumento cuya credibilidad se asienta en el valor de la independencia, pero la realidad de sus prácticas se halla determinada por las proyecciones propositivas, que los convierten en instrumentos de regulación y control de la vida social a través de la inducción de pensamiento políticamente correcto. Los ‘aparatos de encierro’ de Foucault giran generalmente en torno al cuerpo, a la sumisión del cuerpo (escuelas, cárceles, hospitales, lugares de trabajo...), mientras que los medios trascienden el plano corporal de sometimiento a los espacios donde transcurre el tiempo social para incidir sobre la dirección del pensamiento. El poder, que dirige el acontecer a través de la producción dominante del discurso, penetra por las capilaridades que configuran su red de control social, en el plano de los medios.
Por: Glen E. Lizardi Flores | Universidad | Comentarios (0) | Referencias (0)