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LA CONSTRUCCION DEL EDIFICO TEORICO.

Domingo, 24 de abril de 2005

CUENTOS ANTIGUOS

Revisando mis antiguos diskettes, encontré uno lleno de cuentos que escribía hace algunos años atrás, unos cinco o cuatro, no recuerdo bien en realidad, pero para el caso da lo mismo.
Decidí publicarlos porque con la nostalgia de leerlos después de tantos años... los encotre buenos.
Aqui va el primero.




LA SEMANA SANTA



Siempre pensé que los huevitos de Pascua de Resurrección deberían servir para algo más que como adorno de la Semana Santa, pero jamás pensé que ese "algo más" sería detonado por la separación de mi mejor amigo, aún cuando yo siempre le recomendé que le pusiera punto final a su matrimonio, que a todas luces se veía deteriorado por las variadas relaciones que tenía su ex con los compañeros de oficina de Mario.
Ese día me levanté con una idea fija. Mario necesitaba urgente de una sorpresa grata, exuberante, cálida y yo era el hombre justo para que dicha sorpresa fuera una realidad. Tomé el teléfono y llamé a la Pastelería y Panadería Palacios, que está ubicada en el sector de El Morro y pedí que me hicieran un huevo de chocolate de un metro y medio de alto, vacío en su interior.
Fue en un esquina distinta a las de siempre en que conocí a Sandra. La mina por dos millones se acuesta con cualquiera y permite que se lo metan por donde se pueda. No costó nada convencerla de que se metiera desnuda dentro del huevo y después de sellar el extremo abierto con la tapa de chocolate, procedí a forrar el preciado presente con una especie de plástico metalizado que junto a la cinta celeste formaban un verdadero regalo de Pascua.
Vivar con Tarapaca, un sábado, a eso de la una de la tarde tiene un tráfico infernal, con tacos, semáforos mal sincronizados y peatones huevones que cruzan como por el living de su casa.
Estacione frente a la casa, baje el huevo y cerré el auto. Toqué el timbre y a los pocos instantes me abrió la puerta Mario. No le dije nada solo le mostré el huevo y le ayudé a entrarlo. Lo comenzó a abrir con una mezcla rara entre temor e impaciencia. Yo sabía que en el fondo Mario intuía lo que venia dentro del huevo, lo sabia por que conocía a Mario como a la palma de mi mano.
Sacó la cinta, rompió el plástico y abrió el huevo. Sandra estaba muerta, se había asfixiado. Tenía el cuerpo deliciosamente bañado por un sudor dulce sabor a chocolate. tenia los ojos cerrados una mano crispada sobre su ojo izquierdo y la otra, también crispada, sobre su seno derecho, su pelo húmedo estaba pegado, casi fundido con lo que se había logrado derretir del chocolate, la boca entreabierta con la lengua colgando, como lamiendo el huevo.
Tomamos el cuerpo y lo llevamos a la mesa de la cocina. Lo pusimos de guata y mientras yo trataba de disponer el pelo en cierto orden vi que Mario se masajeaba el pico para darle mayor consistencia. Se lo metió entero por el culo y yo le metí la mía por la boca de la pobre Sandra, que como tenía la lengua afuera, provocaba un cambio de temperatura fascinante cada vez que lo sacaba.
Pasados los veinte minutos eyaculé y mientras lo hacía la agarré del pelo y comencé a mover con fuerza su cabeza. Me daba la impresión que se la estaba tragando.
No pasó mucho tiempo antes que Mario también acabara. Cada uno se limpió su respectiva penca y casi sin decirnos nada metimos el cuerpo de la Sandra en una bolsa grande de basura. Al rato tiramos el cuerpo por el incinerador del edificio. Nos quedamos un momento escuchando como sonaba mientras al caer se golpeaba contra las paredes.
Siempre pense que los huevitos de Pascua de Resurrección deberían servir para algo más que como adorno de la semana Santa le dije a Mario mientra extendia el brazo para que me sirviera otro whisky .

Por: Glen E. Lizardi Flores | Arte y Literatura | Comentarios (0) | Referencias (0)

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